
La gesta por la Independencia en el norte de nuestro país no fue solo un tablero de ajedrez para generales con formación académica europea. La verdadera resistencia, aquella que blindó la frontera ante las invasiones realistas más feroces, germinó en las entrañas del pueblo andino. Durante casi dos siglos, la historiografía centralista relegó a un injusto cono de sombra a las figuras fundamentales de la resistencia salto-jujeña. Sin embargo, los recientes consensos históricos y legislativos han comenzado a rescatar del olvido a sus más brillantes estrategas. Entre ellos, emerge con luz propia la figura del líder humahuaqueño: el General Manuel Eduardo Arias.
Si estás planeando un viaje por la Quebrada de Humahuaca o querés comprender los eslabones ocultos de la mística Guerra Gaucha, te invitamos a desenterrar la crónica definitiva de un héroe clave en la soberanía nacional.
El Origen de un Líder Mestizo. Sangre Coya y Linaje de Frontera
Para entender la influencia de Manuel Eduardo Arias en las poblaciones del norte, es necesario desarmar los mitos de su biografía. Aunque tradicionalmente se fija su nacimiento en Humahuaca hacia 1785, las investigaciones del historiador Félix Infante demuestran que no existen registros eclesiásticos de bautismo que certifiquen la fecha exacta.
Su procedencia encarna el mestizaje puro de la frontera: su madre pertenecía al pueblo coya y su padre, Francisco Arias, integraba una influyente estirpe de funcionarios de la Corona española. De su abuelo paterno —el célebre gobernador de Salta, Francisco Gabino Arias Rengel— heredó las extensas haciendas de San Andrés (en el actual territorio salteño). Lejos de elegir los privilegios de su herencia terrateniente, Arias puso sus recursos, propiedades y prestigio al servicio de la causa revolucionaria tras los sucesos de 1810. Su conocimiento del territorio y su destreza innata como jinete lo convirtieron en el caudillo indiscutido del Valle del Zenta, Orán y Humahuaca.
Los «Bomberos» del Zenta y la Milicia de los Palos
El bautismo de fuego de Arias se dio en junio de 1814, operando inicialmente en San Andrés bajo el rango de Capitán de «bomberos», un cuerpo táctico de espías, baqueanos y saboteadores encargado de cortar el suministro de ganado y caballadas a las tropas realistas asentadas en la ciudad de Jujuy.
En 1815, tras el repliegue del Ejército del Norte, el General Martín Miguel de Güemes estructuró la línea defensiva de la frontera en cinco grandes secciones. Por su peso estratégico, la región de Orán quedó bajo el mando de Arias. El 15 de agosto de 1816, en su rol de Comandante de Armas, Arias presidió el Cabildo Abierto donde los vecinos locales juraron solemnemente la Independencia proclamada en Tucumán.
Allí consolidó su célebre escuadrón de milicias gauchas: una fuerza popular compacta integrada por 121 hombres entre oficiales, sargentos, cabos, gauchos y originarios de la Puna. La genialidad de su liderazgo radicaba en la escasez de recursos. En sus partes de guerra remitidos a Güemes, el propio Arias destacaba con orgullo que aquellos bravos milicianos salían al cruce del enemigo «la mayor parte sin más armas que palos». Con este ejército descalzo, logró expulsar a las avanzadas del General realista Olañeta de los valles de San Andrés y el Zenta a principios de 1817.
La Batalla de Humahuaca Dos Horas que Cambiaron la Historia Continental
A comienzos de 1817, el mariscal español José de la Serna desató la denominada «Gran Invasión». Confiado en su superioridad, fortificó militarmente el pueblo de Humahuaca: rodeó la villa con trincheras, emplazó una batería de siete cañones en el cerro de Santa Bárbara y convirtió la iglesia local en un cuartel blindado para custodiar sus líneas de abastecimiento.
Siguiendo instrucciones de Güemes, Arias ejecutó una de las maniobras tácticas más audaces de la Guerra de la Independencia. En la madrugada del 1 de marzo de 1817, bajo una lluvia torrencial y al mando de apenas 150 gauchos, asaltó por sorpresa la guarnición realista. La ofensiva duró poco menos de dos horas, pero fue devastadora. Las milicias criollas doblegaron al Regimiento de Picoaga, una fuerza de élite española que arrastraba una fama de invencibilidad en el Alto Perú.
En el histórico Parte de la Victoria, Arias inmortalizó una frase lapidaria:
«Hasta el 1° de marzo invencible, pero sería porque no pelearon con gauchos».
Los patriotas confiscaron los 7 cañones, 100 fusiles, valiosa pólvora y el ganado destinado al consumo del ejército invasor. Al recomendar su ascenso ante el General Manuel Belgrano, Güemes señaló que el golpe infundió «terror y espanto a los liberticidas del Perú». El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón promovió a Arias al grado de Teniente Coronel y mandó a acuñar medallas de oro para sus hombres con la inscripción: «La Patria a los Vencedores de Humahuaca». Historiadores de la región afirman que este triunfo desmanteló la logística de De la Serna, impidiendo que el frente norte colapsara mientras el General San Martín cruzaba la Cordillera de los Andes.
Guerra de Recursos e Internas Políticas. El Quiebre de la Fraternidad
A partir de 1818, Arias se consolidó en la vanguardia humahuaqueña aplicando la implacable «guerra de recursos». Sus incursiones privaron a los realistas de miles de cabezas de ganado lanar, llamas y vacas, asestando golpes que Güemes consideraba «de mérito tal vez mayor que la pérdida de un regimiento». Su audacia lo llevó incluso a avanzar en territorio enemigo hasta las inmediaciones de Cochabamba a fines de ese año, logrando escapar de una emboscada realista únicamente gracias a las condiciones de su caballo.
Sin embargo, el prolongado esfuerzo económico de la guerra resquebrajó la política regional. Para 1819, la sociedad salto-jujeña se dividió en dos corrientes irreconciliables:
- La Patria Vieja: Facción defensora del sistema democrático popular impulsado por Güemes.
- La Patria Nueva: Sector compuesto por comerciantes, militares y propietarios que consideraban abusivas las contribuciones forzosas impuestas para sostener la causa y catalogaban al gobierno como una tiranía.
Arias, condicionado por su estatus de hacendado y sus profundas discrepancias políticas, se alineó abiertamente con la Patria Nueva. En diciembre de 1819, tras ser descubierta una severa conspiración en Salta que planeaba el asesinato de Güemes, Arias fue arrestado junto a otros disidentes. Aunque los cabecillas fueron condenados a muerte, el propio Güemes conmutó la pena de Arias por el destierro y confinamiento en Tucumán. Durante ese exilio, e inmerso en la profunda anarquía del año 20, Arias llegó a comandar milicias tucumanas bajo las órdenes del gobernador Bernabé Aráoz, enfrentándose en armas contra las fuerzas salteñas durante los primeros meses de 1821.
El Retorno a Jujuy y la Emboscada en San Andrés
Tras el fallecimiento del General Güemes y la firma del armisticio de 1821, Arias regresó a suelo jujeño. En noviembre de ese año, el Teniente Gobernador de Jujuy, Agustín Dávila, lo restituye en el cargo de Comandante General de la Puna y Valles para organizar la defensa ante las constantes incursiones de saqueo de Olañeta.
No obstante, las guerras civiles intestinas entre los gobiernos de Salta y Jujuy volvieron a salpicar. En mayo de 1822, cumpliendo directivas de las autoridades jujeñas, Arias capturó a una partida militar salteña. En represalia, el Cabildo de Salta lo declaró «enemigo del orden público y de la Patria». Dolido por las acusaciones de traición, Arias se defendió ante el Cabildo de Jujuy en una carta del 20 de mayo de 1822:
«Mi sangre ha sido vertida por varias ocasiones contra esos tiranos… Sería yo un criminal si no me vindicase de tan horrorosa calumnia».
La tragedia lo alcanzó semanas después. El 16 de junio de 1822, mientras se trasladaba desde Humahuaca hacia Orán, Arias pernoctó en San Andrés en la propiedad de su amigo Pedro Velázquez. Allí fue rodeado por una partida armada de 30 hombres bajo las órdenes del oficial salteño Mariano Abán. El posterior expediente judicial demostró un sombrío entramado: Abán actuó en complicidad con pobladores de la zona que arrastraban viejos enconos con Arias por el cobro de arriendos rurales de sus tierras. Al intimar su rendición, Arias se defendió a tiros desde el interior de la finca. Los atacantes prendieron fuego a la estructura y, cuando el techo se desplomaba, el héroe salió de la vivienda y fue ultimado a palos. Murió exactamente un año después que Güemes, víctima de las disputas civiles que devoraban la región.
De Coronel a General de la Nación. El Reconocimiento Post Mortem
Aunque en 1823 la propia Sala de Representantes de Salta intentó limpiar su nombre llamándolo «gloria y honor de la provincia», las tensiones de las guerras civiles condenaron su memoria a un largo olvido en los textos de historia nacional, quedando resguardada casi exclusivamente en el orgullo provincial jujeño.
La postergada justicia histórica se materializó finalmente en el año 2022, en el marco del bicentenario de su fallecimiento. A través de la sanción de la Ley Nacional 27.671 y el posterior Decreto Presidencial 329/2022, Manuel Eduardo Arias fue promovido de forma póstuma al rango de General de la Nación. Los considerandos del decreto presidencial destacan de forma unánime su «destacada actuación en la Guerra de la Independencia, su patriotismo y su liderazgo indiscutible en la defensa de la frontera norte de nuestra Patria».
El Monumento a los Héroes de la Independencia en Humahuaca
Al visitar la imponente ciudad de Humahuaca, los viajeros se topan con una de las obras de arte escultórico más colosales de la Argentina: el Monumento a los Héroes de la Independencia, inaugurado en 1950 y esculpido por el artista Ernesto Soto Avendaño en las alturas del cerro Santa Bárbara.
Aunque el complejo fue diseñado como un homenaje colectivo a los miles de gauchos, arrieros e indígenas anónimos que regaron con su sangre el norte, la colosal figura central de bronce que lidera el avance con el torso desnudo y el grito de emancipación no está inspirada directamente en el General Manuel Eduardo Arias. Es un hito cultural y turístico imprescindible para comprender el arraigo de la Quebrada con la libertad nacional y el protagonismo de los Gaucho en la Independencia .
El Día del Gaucho Jujeño. Un Legado Cultural Vivo
La impronta de Arias es de tal magnitud que moldeó una de las fechas más sagradas del calendario civil de la provincia. En Jujuy, cada 16 de junio se celebra de manera oficial el Día del Gaucho Jujeño (instituido por la Ley Provincial Nº 5.145), conmemorando el día de su trágico asesinato en San Andrés.
Lejos de ser un acto meramente protocolar, la jornada es una manifestación cultural vibrante donde las diferentes agrupaciones gauchas de la provincia marchan portando con orgullo sus guardamontes y vestimentas tradicionales. Es el homenaje vivo de un pueblo a aquellos.
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Fuentes y Referencias Bibliográficas
Álvarez, Gustavo (2023). El Coronel Manuel Eduardo Arias: Un luchador salto-jujeño de la independencia. Artículo de investigación publicado originalmente en el portal histórico y documental EDI Salta (https://www.edisalta.ar/arias2.html) y reproducido en ReDiU (Revista Digital Universitaria del Colegio Militar de la Nación), artículo 5.
Honorable Congreso de la Nación Argentina (2022). Ley N° 27.671: Institución en conmemoración del bicentenario del fallecimiento del héroe gaucho. Buenos Aires.
Poder Ejecutivo Nacional (2022). Decreto N° 329/2022: Promoción póstuma al grado de General de la Nación al Coronel Manuel Eduardo Arias. Boletín Oficial de la República Argentina, Buenos Aires.
Teruel, Ana A. y Lagos, Marcelo (Directores) (2006). Jujuy en la Historia: De la Colonia al Siglo XX. San Salvador de Jujuy: Unidad de Investigación en Historia Regional, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Jujuy. UNJu Editores.