General Manuel Eduardo Arias»El Héroe Gaucho de Jujuy y su Ascenso Histórico»

Pintura al óleo del General Manuel Eduardo Arias liderando a caballo una carga de gauchos jujeños con guardamontes en la Quebrada.
Representación artística del General Manuel Eduardo Arias al frente de sus milicias gauchas en el norte argentino.
La gesta por la Independencia en el norte argentino trascendió los manuales de estrategia de corte europeo. La verdadera contención frente a las invasiones realistas cobró vida en la resistencia del pueblo andino. Aunque la historiografía centralista mantuvo bajo un cono de sombra a los líderes de la frontera salto-jujeña por casi dos siglos, las recientes revisiones históricas y los homenajes institucionales han comenzado a hacer justicia. En este escenario, la figura del líder humahuaqueño, el General Manuel Eduardo Arias, destaca con un protagonismo indiscutible.
Si tenés planeado recorrer la Quebrada de Humahuaca o buscás profundizar en las raíces de la Guerra Gaucha, te proponemos un recorrido por la trayectoria de un conductor clave para la soberanía de nuestra Patria.

El Origen de un Líder Mestizo. Sangre Coya y Linaje de Frontera

Desmitificar la biografía de Manuel Eduardo Arias es indispensable para comprender su fuerte ascendente sobre las comunidades norteñas. Si bien la tradición suele datar su nacimiento en Humahuaca en el año 1785, los minuciosos estudios del historiador Félix Infante confirmaron la inexistencia de partidas eclesiásticas que validen con exactitud ese registro.
Su identidad encarna el mestizaje fronterizo en su máxima expresión: hijo de una mujer del pueblo coya y de Francisco Arias, miembro de una influyente línea de funcionarios coloniales. De hecho, heredó las extensas tierras de San Andrés de su abuelo paterno, el reconocido gobernador salteño Francisco Gabino Arias Rengel. No obstante, lejos de resguardarse en los privilegios de su posición terrateniente, Arias volcó todo su patrimonio, prestigio y conocimiento del terreno a favor del proceso revolucionario iniciado en 1810. Su notable destreza criolla y su visión territorial lo consagraron como el jefe natural de la Quebrada, Orán y el Valle del Zenta.

Las Avanzadas del Zenta y las Milicias Populares

El bautismo de fuego de Arias se dio hacia mediados de 1814, operando en la región de San Andrés con el rango de Capitán de milicias. Allí lideró cuerpos tácticos de vanguardia, baqueanos y observadores encargados de hostigar las líneas realistas y cortar el suministro de ganado y caballadas a las tropas enemigas asentadas en la ciudad de Jujuy.
En 1815, tras el repliegue del Ejército del Norte, el General Martín Miguel de Güemes estructuró la línea defensiva de la frontera en grandes sectores estratégicos. Por su relevancia geográfica, la región de Orán quedó bajo la custodia militar de Arias. El 15 de agosto de 1816, en su rol de Comandante de Armas, Arias presidió el histórico Cabildo Abierto donde los vecinos de la localidad juraron solemnemente la Independencia proclamada semanas antes en Tucumán.
En ese territorio consolidó su célebre escuadrón de milicias gauchas: una fuerza popular compacta integrada por poco más de un centenar de hombres entre oficiales, sargentos, gauchos y originarios de la Puna. La genialidad de su liderazgo radicaba en la absoluta escasez de recursos logísticos. En sus partes de guerra remitidos a Güemes, el propio Arias destacaba con orgullo que aquellos bravos milicianos salían al cruce del invasor armados apenas con lanzas precarias de caña y palos acondicionados para el combate. Con este ejército descalzo, logró expulsar a las avanzadas del jefe realista Pedro Antonio de Olañeta de los valles de San Andrés y el Zenta a principios de 1817.

La Batalla de Humahuaca: Dos Horas que Cambiaron la Historia Continental

A comienzos de 1817, el mariscal español José de la Serna desató la denominada «Gran Invasión». Confiado en su superioridad, fortificó militarmente el pueblo de Humahuaca: rodeó la villa con trincheras, emplazó una batería de artillería en el cerro de Santa Bárbara y convirtió la iglesia local en un cuartel blindado para custodiar sus líneas de abastecimiento.
Siguiendo la estrategia general de Güemes, Arias ejecutó una de las maniobras tácticas más audaces de la Guerra de la Independencia. En la madrugada del 1 de marzo de 1817, bajo una lluvia torrencial y al mando de apenas 150 gauchos divididos en varias columnas, asaltó por sorpresa la guarnición realista. La ofensiva duró poco menos de dos horas, pero fue devastadora. Las milicias criollas doblegaron al destacamento del Regimiento de Picoaga, una fuerza de élite española que arrastraba una fama de invencibilidad en el Alto Perú.
Tras la victoria, el capitán gaucho Mariano Santibáñez inmortalizó una frase lapidaria que Arias incluiría en su informe de guerra:
«Hasta el 1° de marzo invencible, pero sería porque no pelearon con gauchos».
Los patriotas confiscaron cañones, un centenar de fusiles, valiosa pólvora y el ganado destinado al consumo del ejército invasor. Al recomendar su ascenso ante el General Manuel Belgrano, Güemes señaló que el golpe infundió «terror y espanto a los liberticidas del Perú». El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón promovió a Arias al grado de Teniente Coronel y mandó a acuñar medallas de oro para sus hombres con la inscripción: «La Patria a los Vencedores de Humahuaca». Historiadores modernos afirman que este triunfo desmanteló la logística de De la Serna, impidiendo que el frente norte colapsara mientras el General San Martín consolidaba la campaña libertadora tras cruzar la Cordillera de los Andes.

Guerra de Recursos e Internas Políticas. El Quiebre de la Fraternidad

A partir de 1818, Arias se consolidó en la vanguardia humahuaqueña aplicando la implacable «guerra de recursos». Sus incursiones tácticas asfixiaron a los realistas al privarlos de miles de cabezas de ganado, mulas y recursos esenciales, asestando golpes que el propio Güemes consideraba de un mérito estratégico superior a la derrota de un regimiento entero. Su audacia lo llevó a avanzar profundamente sobre las líneas enemigas en el Alto Perú, desafiando constantemente el control territorial de las fuerzas de la Corona.
Sin embargo, el prolongado y devastador esfuerzo económico de la campaña militar resquebrajó la cohesión política regional. Para 1819, la sociedad salto-jujeña se fracturó en dos corrientes irreconciliables:
    • La Patria Nueva: Facción popular que respaldaba la conducción político-militar de Güemes y la continuidad del esfuerzo de guerra.
    • La Patria Vieja: Sector compuesto por la élite comerciante y propietarios terratenientes que consideraban abusivos los empréstitos forzosos y catalogaban al gobierno gubernamental como una tiranía.

Arias, condicionado por su posición de hacendado y sus crecientes discrepancias sobre el rumbo de la guerra, se alineó con los opositores de la Patria Vieja. En diciembre de 1819, tras ser desarticulada una conspiración en Salta para deponer a Güemes, Arias fue arrestado junto a otros disidentes. Aunque la gravedad de los cargos preveía la pena capital para los líderes, Güemes optó por conmutar la sentencia de Arias por el destierro hacia Tucumán. Durante dicho confinamiento, e inmerso en la profunda anarquía que sacudía al país, Arias comandó milicias tucumanas bajo las órdenes del gobernador Bernabé Aráoz, llegando a enfrentarse de forma armada contra las fuerzas salteñas a comienzos de 1821.

El Retorno a Jujuy y la Emboscada en San Andrés

Tras el fallecimiento del General Güemes y la firma del armisticio de 1821, Arias regresó a suelo jujeño. En noviembre de ese año, el Teniente Gobernador de Jujuy, Agustín Dávila, lo restituyó en el cargo de Comandante General de la Puna y Valles para organizar la defensa ante las constantes incursiones de saqueo de Olañeta.
No obstante, las guerras civiles intestinas entre los gobiernos de Salta y Jujuy volvieron a salpicarlo. En mayo de 1822, cumpliendo directivas de las autoridades jujeñas, Arias capturó a una partida militar salteña. En represalia, el Cabildo de Salta lo declaró «enemigo del orden público y de la Patria». Dolido por las acusaciones de traición, Arias se defendió ante el Cabildo de Jujuy en una carta del 20 de mayo de 1822:
«Mi sangre ha sido vertida por varias ocasiones contra esos tiranos… Sería yo un criminal si no me vindicase de tan horrorosa calumnia».
La tragedia lo alcanzó semanas después. La noche del 16 de junio de 1822, mientras se encontraba en su propiedad de San Andrés, fue rodeado por una partida armada bajo las órdenes del oficial salteño Mariano Abán. El posterior expediente judicial demostró un sombrío entramado: Abán actuó en complicidad con pobladores de la zona que arrastraban viejos enconos con Arias por el cobro de arriendos rurales. Al resistir el ataque y defenderse desde el interior, Arias recibió un impacto de bala mortal. Tras agonizar unas horas, el héroe falleció el 17 de junio de 1822. Murió exactamente un año después que Güemes, víctima de las feroces disputas civiles que devoraban la región.

De Coronel a General de la Nación. El Reconocimiento Post Mortem

Aunque en 1823 la propia Sala de Representantes de Salta intentó limpiar su nombre llamándolo «gloria y honor de la provincia», las tensiones de las guerras civiles condenaron su memoria a un largo olvido en los textos de historia nacional, quedando resguardada casi exclusivamente en el orgullo provincial jujeño.
La postergada justicia histórica tuvo su punto más alto en el año 2022, en el marco del bicentenario de su fallecimiento, cuando el Congreso de la Nación lo declaró héroe nacional. Sin embargo, su reconocimiento militar definitivo se había materializado unos años antes: mediante el Decreto Presidencial N° 838/2016, Manuel Eduardo Arias fue promovido de forma póstuma al rango de General de la Nación. Los considerandos de aquella medida presidencial destacaron su «destacada actuación en la Guerra de la Independencia, su patriotismo y su liderazgo indiscutible en la defensa de la frontera norte de nuestra Patria».

El Monumento a los Héroes de la Independencia en Humahuaca

Al visitar la imponente ciudad de Humahuaca, los viajeros se topan con una de las obras de arte escultórico más colosales de la Argentina: el Monumento a los Héroes de la Independencia, inaugurado en 1950 y esculpido por el artista Ernesto Soto Avendaño en las alturas del cerro Santa Bárbara.

Aunque el complejo fue diseñado como un homenaje colectivo a los miles de gauchos, arrieros e indígenas anónimos que regaron con su sangre el norte, la colosal figura central de bronce que lidera el avance con el torso desnudo y el grito de emancipación no está inspirada directamente en  el General Manuel Eduardo Arias. Es un hito cultural y turístico imprescindible para comprender el arraigo de la Quebrada con la libertad nacional y el protagonismo de los Gaucho en la Independencia .

El Día del Gaucho Jujeño. Un Legado Cultural Vivo

La impronta de Arias es de tal magnitud que moldeó una de las fechas más sagradas del calendario civil de la provincia. En Jujuy, cada 16 de junio se celebra de manera oficial el Día del Gaucho Jujeño (instituido originalmente por el Decreto Provincial Nº 10.052), conmemorando el día de su trágico fallecimiento tras ser emboscado en San Andrés.
Lejos de ser un acto meramente protocolar, la jornada es una manifestación cultural vibrante donde las diferentes agrupaciones gauchas de la provincia marchan portando con orgullo sus guardamontes y vestimentas tradicionales. Es el homenaje vivo de un pueblo a aquellos hombres y mujeres que entregaron su vida en la vanguardia de la Guerra Gaucha por la independencia de nuestra Patria.

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📌 Información oficial verificada :El contenido histórico sobre el General Manuel Eduardo Arias se fundamenta en investigaciones de Félix Infante y Joaquín Carrillo, junto con actas del Archivo Histórico de Jujuy y documentos del Instituto Nacional Güemesiano. El análisis de la Batalla de Humahuaca y el contexto político se basa en colecciones documentales y partes de guerra recopilados por el CONICET

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